Los primeros cultivos eran de aves y roedores
Células inmortales
Una de las primeras líneas celulares humanas, obtenida de Henrietta Lacks
Las vacunas para enfermedades como el polio, sarampión, paperas, rubeola y varicela se producen en cultivos de células de mamíferos.
Por: Karla López Mora
Los cultivos celulares son una herramienta científica utilizada en la actualidad para salvar la vida de millones de personas enfermas en el mundo.
Son útiles para probar vacunas, evaluar la virulencia de los microbios dañinos, calcular la potencia de los fármacos, estudiar la evolución del cáncer, determinar el potencial tóxico de los contaminantes y la influencia que ejerce la falta de gravedad en los viajes espaciales en la división y el metabolismo celular.
Todo empezó en 1951 cuando George Otto Gey, un investigador del Hospital de Johns Hopkins, estableció por primera vez un cultivo inmortal de células humanas.
La muerte de una joven llamada Henrietta Lacks, fue la que permitió que Otto a partir del cáncer de cérvix extirpado a la joven, cultivara las células.
Las células HeLa (llamadas así en honor a la joven) fueron las primeras de su clase, ya que aunque se habían cultivado células animales –principalmente de aves y roedores–, éstas fracasaron en el intento de lograr líneas humanas inmortales.
El duro comienzo
El primer cultivo de células lo estableció Wilhelm Roux, de la Universidad de Breslau (Polonia), en 1885, a partir de embriones de pollo. Al principio, los tejidos aislados de animales se mantenían en soluciones de sangre o en coágulos; sin embargo, estos duraban pocas horas o a lo sumo un par de días, lo que restringía su uso.
Durante la primera mitad del siglo XX, las investigaciones se concentraron en buscar los medios para hacer crecer las células aisladas de los órganos y tejidos. En un principio, las soluciones mezclaban suero de sangre de pollo, extracto de macerados de embriones de ternero, un poco de líquido de cordón umbilical, algo de orina y una pizca de sales.
Así se establecieron cultivos celulares que duraban varias semanas. Sin embargo, el asunto era poco práctico ya que, al mismo tiempo que se extraían las células de un órgano, debían coordinarse las acciones para sangrar a una gallina, ir al matadero, entrar en una sala de partos, conseguir orina fresca, pesar las sales, realizar la mezcla y filtrarla.
Otro problema fueron las contaminaciones. Al ser un medio rico en nutrientes, no era de extrañar que las bacterias y los hongos se reprodujeran abundantemente, lo que pudría los cultivos de células.
El desarrollo de los medios de cultivo fue mejorándose hasta lograrse fórmulas más definidas, en su mayoría compuestos por sales, azúcares, vitaminas y aminoácidos. Aunque todavía se requería un poco de suero fetal, los medios se podían almacenar en condiciones estériles durante largo tiempo y sin deterioro.
Información tomada del periódico La Nación, Costa Rica 2008

